viernes, 27 de abril de 2012

El bautismo anticipado


Llueva, truene o caiga nieve,
nunca dejaré de leer,
con entusiasmo y placer,
poetas del diecinueve.

Aunque no me lo creáis,
en mis manos el azar
puso un curioso ejemplar
de un libro de Muruais

De entrada ilusión no me hizo,
porque el título pragmático
no me resultó simpático
al tratarse de “O bautizo”.

Se encuentra en títulos cientos,
entre cuentos y relatos
de múltiples literatos,
el sagrado sacramento.

Al comenzar su lectura
ya me ganó de inmediato
pues aquel era un buen plato
de excelsa literatura.

Nos contaba su versión,
en bellos versos rimados,
de un hecho que en el pasado
era una superstición

de la Galicia profunda,
de la Galicia de “meigas”,
de “corredoiras”, de “veigas”,
de la hermosa y de la inmunda.

Era creencia que un mal
mataba a la descendencia,
con asesina insistencia,
de las mozas del rural.

Y para evitar el daño
se bautizaba en un puente
al feto dentro del vientre
a la hora del “diaño”.

Cuando las doce sonaban
en el reloj de la villa,
todo el mundo de rodillas
del rito participaba.

La persona que oficiaba
era un caminante al azar,

que inocente al transitar,
por el puente atravesaba.

Y era obligación moral
del individuo en cuestión,
aun contraria su opinión,
acceder al ritual

so pena de ser lanzado
por la baranda del puente
con peligro consiguiente
de que pereciese ahogado.

Así que sin dilación
a la mujer desvestían
y agua bendita vertían
sobre el vientre, en oración.

Y ya pasadas las penas,
con agua bendita y todo,
se buscaba un acomodo
y a disfrutar de la cena

que extraían de un gran cesto,
y cumpliendo con el rito,
tras comer cocido y frito,
al río echaban los restos.

Y este sacramento-broma
del bautizo anticipado
siempre estuvo condenado
por los ministros de Roma.

Pero siempre en el rural
toda mujer en estado,
pese a cometer pecado,
practicaba el ritual

Porque era prioritaria
para el paisano gallego,
o marinero o labriego,
tener descendencia varia.

Hoy en “meigas” no se cree
y aunque “habelas hailas” parece,
su existencia se desvanece
aunque alguna vez se ven.

No pequemos de estulticia
olvidando las leyendas,
poniendo en los ojos vendas,
de nuestra amada Galicia.



José M. Ramos 2012

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